martes, abril 28, 2009

Me levanté esta mañana y no estabas ahí. Tu recuerdo se había borrado por completo de mi mente y con él, te habías ido. Algo así como un fantasma que cruza la puerta sin destino aparente.

He buscado conciensudamente para ver si descubro algún dejo de tí en alguna parte. Pero no hay nada. Ni el más mínimo gramo de polvo, ni una minúscula pelusa de tu ropa o rastro de tu piel, aunque sea una escama microscópica que alimente parásitos alergénos. Nada.

Es más, pensé en sacar mi cerebro y desenrollarlo para ver si por ahí encontraba algo. Sólo vi algunas lesiones producto de alguna incursión con el tetrahidrocanabinol, pero de tí ni rastro. Y que quede constancia de que te busqué, pero me levanté esta mañana y no estabas ahí. Ahora sólo me queda esperar para ver si vuelves.

MIA

martes, abril 14, 2009

Dime que se hace para que tus ojos
dejen de estar nublados.
Dime como se oye el mundo
desde el vacío.
Dime si alguna palabra
serviría de algo.
Si el consuelo que intentamos
está bien entregado
o no es más que un nudo
que agregamos a tu garganta.

No es mucho lo que se hace
desde esta vereda
donde el dolor se ha marchado
ha cruzado la calle
y aloja en tu dintel
sin contemplaciones.

No es mucho lo que se entiende
cuando la vida dio mejor fortuna
a los desafortunados,
repartió más sonrisas
a los malhumorados,
entregó mejor herramienta
a los menos dotados.

No pedirás mucho mañana
sólo un descanso
una sonrisa
una alegría
algo de paz
y una mirada libre
libre de tanta angustia....

Mía...

martes, marzo 03, 2009

¿Quien será Yeye?

Mi celular sonó por décima vez en media hora... El mesaje de texto decía: "Saludos... Yeye". Mi jefa puso pésima cara. La embestida llegó a la salida, en voz muy baja y sin siquiera mirarme... "¿hasta cuando recibes mensajes cuando estamos en una reunión tan importante? ¿Sabes bien cuanto nos costó conseguir esta entrevista con el Ministro?

Ni que lo hubiese olvidado. La entrevista la había conseguido yo, aunque no me dejaran ni siquiera hablar. "No sé de quien era, solo dice algo de yeye". Me miró con cara extrañada.
Varios días después, los mensajes volvieron. No molestaban tanto, en realidad. Sólo llegaban. A ratos eran hasta agradables, pues aparecían en momentos tremendamente oportunos. Cuando estaba triste. Si me sentía sola. Después de los ataques de histeria y paranoia de mi jefa, donde todos eran acusados de ser causantes de las plagas de Egipto o de comenzar el Apocalispsis.

Yeye comenzó a parecer simpático. O simpática. Nunca lo tuve muy claro. El caso es que sus mensajes eran avisos perfectos de malos augurios, lo que terminó transformándose en un perfecto sistema de reducción de daños. Aprendí que los saludos de Yeye revelaban detalles que me permitieron adelantarme a situaciones que podrían haber sido desastrosas. Sacar doble copia de un informe, pues el original se extraviaba, preparar café para tenerlo servido justo antes de que me lo pidieran, llegar bien vestida al trabajo el día exacto.

Así, justo así, fue que conocí al que luego fue mi esposo. Es que los mensajes de Yeye, parecieron extenderse en el tiempo. A él (o ella) también le agradaban mis mensajes de agradecimiento. Decidí que el cumpleaños de Yeye era el día en que recibí el primer mensaje y en varias ocasiones envié mensajes de felicitación. De vuelta recibía un simple “saludos… Yeye”.

Cierta mañana recibí un mensaje muy temprano. Entonces, cambié el traje que había elegido la noche anterior. Me puse un vestido de seda, con muy buena caída, que hacía conjunto con un chaquetón en el tono. Definitivamente, no era el traje perfecto de una secretaria, sino más bien el que usaría el encargado de la sucursal, o sea, mi jefa. Y partí a la oficina. Mucho tiempo habíamos tardado en conseguir nueva entrevista con el Ministro como para demorarse por el atraso de una simple secretaria.

Agradecí el mensaje de Yeye cuando mi jefa, bastante nerviosa por la entrevista recibió un mensaje, tuvo un nuevo ataque de histeria, sucumbió al estrés y terminó colapsando. Buena suerte para mí que el Jefe máximo estuviera justo entrando por la puerta, pues quería ser parte también de la reunión con el Ministro. Buena suerte para mi, que era la única que manejaba a la perfección los datos, mejor incluso que mi jefa, ya que en las sucesivas reuniones con el Ministro había sido yo quien le pasaba los apuntes por debajo para sostener las conversaciones de gran trascendencia para la empresa. Y suerte que estaba vestida para la ocasión.

Rumbo al Ministerio fui ascendida a jefa y una de mis antiguas amigas se convirtió en mi secretaria. El día estuvo perfecto, pero extrañé los mensajes de Yeye. En lo sucesivo, los mensajes desaparecieron de mi vida y por más agradecimientos o saludos de cumpleaños que enviaba, Yeyé no volvía.

Mi carrera estuvo bien, supongo. Pero a ratos me descubro torturando a mi secretaria.
A ratos imagino que recibe mensajes en su celular y que en cualquier momento descubrirá que el mérito nunca fue mío. Sin Yeye yo no habría llegado a ninguna parte. Veo a los empleados cuchichear a mis espaldas. Seguro Yeye me ha traicionado y le contó todo a todos. Ese crápula ponzoñoso que se hacía pasar por amigo con sus saludos oportunos. Ustedes, todos ustedes tienen la culpa. Las cosas ya no andan bien en esta oficina por su inoperancia. Esconden los papeles, pierden los memos, malogran las copiadoras. Ustedes son culpables. Y tú, eres la peor, con tu perfecta eficiencia, adelantada siempre a todo. Ahora vienes y avisas que conseguiste una nueva entrevista con el Ministro, como si yo no supiera que tan fáciles son de conseguir. Conseguí muchas, ¿sabes? Y no sé que tanta importancia te das con ese trajecito de seda y su chaquetita al tono. Bastante llevas ya adelantándote a mis ideas como si yo no recordara que en la primera entrevista en que estuviste con el Ministro estabas más preocupada de los mensajitos que recibías en ese aparatito de mala calidad. No sonrías tanto cuando lees los mensajitos. ¿Que acaso crees que la bondad de Yeye no tienen precio? Yo me reiré de ti cuando él te cambie por tu secretaria. ¿O es ella? Yo me rio, me rio a carcajadas. Yeye me está llamando mientras me llevan a la casa de reposo. Yeye me diagnosticó estrés. Pero me sigo riendo. Yeye… ¿Quién será Yeye?

Mia

lunes, marzo 02, 2009

La muerte anda cerca

La muerte anda cerca.
Se está llevando a algunos que ni siquiera sup¡eron
que fueron importantes.

Los ví reirse por última vez hace mucho:
yo no era parte de sus amigos cercanos.

La muerte anda cerca.
¿Estar lejos me impide sentir sincera tristeza?
¿Magdalena habría llorado si el muerto fuese Barrabas?

¿Tendrías derecho, Magdalena, de derramar lágrimas?
La muerte está cerca y ni un pañuelo tenemos a la mano.


Mía

lunes, junio 11, 2007

Llegará mañana

Quizás cambiemos…
quizás tú y yo no sepamos hacer bien el trabajo

Mientras tanto, ella sigue su rumbo sin importarle
Demasiado viva para entrar en recriminaciones
Demasiado eterna para cuestionamientos baratos
Demasiado silenciosa para dudas y controversias

Seguro todos pensaron alguna vez que no era el tiempo
Que el momento era el menos indicado

Mientras tanto, ella no aplaza su llegada
Demasiado enérgica para contar segundos
Demasiado perpetua para considerar dilaciones
Demasiado taciturna para nuestro tiempo y espacio

Y si de certezas se trata…
Sólo tendremos una: ella llega.
Tú y yo diremos entonces
“tengo tu rostro entre mis manos
Oh aire dulce retrato de aire
Espejismo del cielo y las estrellas”
Como decía Huidobro.


Mía

miércoles, septiembre 20, 2006

Carcinoma Hepático del Alma


Hoy le vi, surgió como un bulto en mi hígado
La cirrosis del alcohólico que engendró abatimiento
La degeneración de un dipsómano progresivo y delirante
Que saboreó hasta provocarles borrachera a sus fiduciarios

Tengo miedo de mirarle, quizás sea como verme en el espejo
Es el pavor del recuerdo, son las noches de dormir en la angustia
Las madrugadas de pavor que disfrutamos de una herencia extática
Reminiscencias de una niñez sin niños llena de espumarajos de cerveza

Pocas veces vemos un carcinoma hepático del alma
La ecografía no logra revelarlo a los facultativos inquisidores
Los escrutinios clínicos no consiguen fotografiar las entrañas emocionales
Los galenos orgánicos no advierten a este huésped parasitario alojado a voluntad

Este cáncer no se cura con nada, es crónico
No lo verán en ningún otro lugar más que en mi hígado
La ira, el resentimiento, el miedo son sus enfermedades oportunistas

Después de ella, solo queda la miopía sentimental de tanto ver vasos vacíos

Mía

jueves, agosto 17, 2006

No son mis versos

Los encontré tirados en un rincón de mi cerebro.
Alguien los escribió por mí para jugarme una broma.

No puedo escribir poesía.
No soy poeta y esos no son mis versos.
Los encontré en un baúl, algo roídos, bastante maltrechos.

Los he cuidado.
Con el tiempo, se fueron acostumbrando a mi presencia.
A veces los oigo hablar: creo que ellos piensan que son míos.
Quizás de tanto repetirlos hasta ellos se convencieron.

¿Qué dirás sus padres, entonces?
¿Me harán querella por cambiarles los hijos en la cuna del hospital?
¿Dirán que se los robé de tanto repetirlos?
De todas formas, ellos los dejaron olvidados
en unas hojas amarillas de unos libros de tapas blandas,
de esos que se compran en los kioskos de los terminales de buses.

Yo los aprendí y los he repetido
los últimos 25 años de mi historia.
Podría decir que me pertencen de tanto usufructuarlos.
De todas formas: ¿Quién dijo que la poesía tiene título de pertenencia?

Mía

martes, agosto 01, 2006

De gotas...

Comencé a caer y sentí el frío que provocó el viento en mi cuerpo desnudo.

Las curvas de cintura se amoldan a las figuras de este hálito mientras avanzo por él, no cortándolo sino más bien, como si avanzara por agujeros de gusanos, rectos y eternos.

El tiempo se eternizó entre el principio de mi caída y el golpe en el piso. La luz me atravesó y fue a formar un arco iris que por un segundo se dibujó en la pared del fondo el patio.
Comencé a caer y el vértigo me inundó toda, la incertidumbre, el convencimiento del fin en la medida que el suelo se acerca a mis ojos.

Antes de la caída, me desprendí del metálico frío que significó mi nacimiento, porque algunos comenzamos a caer apenas y vemos la luz al fondo de la matriz.

Entonces, cuando llego al piso me rompo en mil pedazos y me hago una con la tierra… ya sabéis: la vida de una gota es tan corta.
Mía

jueves, julio 13, 2006

Una historia más

La historia comienza así: "Se levantaba temprano por la mañana, antes de las cinco, y mientras sus amigas le hacían la fila para la carne, ella corría hasta el depósito de carbón para poder llegar con la carga a la pensión y empezar a dar el desayuno antes de las siete"...

Así inicia la historia y mientras el tecleo de la máquina rompe la nívea superficie de papel, casi escucha el crepitar del fuego, los pensionistas pidiendo café, el frío de las mañanas en la pampa parece que vuelve a resquebrajar la piel de las manos...

Y cuando abre los ojos, tiene los trozos de carbón en las manos y los pone en la salamandra... y mientras sus amigas le guardan el puesto en la fila del pan, el calor y el tecleo sobre la nívea superficie de papel se esfuman en el viento de la pampa, se transforman en otro más de los granos de salitre que le roban a los cerros esos hombres que ahora el piden café...

jueves, diciembre 29, 2005

Por la otra vereda

Siento un sudor frío corriendo por mi espalda. Te he visto caminando por la vereda de enfrente. No sabes que aquí, a pocos metros, la vida te prepara una sorpresa que te llevará por un segundo a ese pasado nuestro que hoy creo sólo yo recuerdo.

No soy más que una regresión, un recuerdo, la obligación de revisar si las decisiones fueron las correctas. Pero ahora caminas por la vereda de enfrente, ignorante de que a este lado una mirada fija se posa sobre tu espalda.

La suerte ayuda. Tanta gente hace que logre parecer casual, despreocupada, cuando cruzas la calle y llegas a este lado de la calle… ¿qué pasará por tu mente ahora? ¿Sentiste emoción al divisarme entre la gente, al oír mi voz, la misma voz que te hablaba entre gemidos de una historia inconclusa y que regresa, negándose a morir completamente, sin importar cuan agónica se encuentre?

Te vi, caminabas ignorante del cuestionamiento que se te viene. Te vi, pensé que sería conversa como antes. Pero no estabas ahí. Te vi y no eras tú. Recordé entonces tantas noches de conversaciones, esa amistad solapada y oculta entre besos y caricias, esas confesiones de lo peor y lo mejor de nosotros mismos… Tantas hojas escritas en nombre de un ser que no existe más que en mi memoria.

Y sigues apareciendo hoy… te veo caminar por millones de veredas y mi corazón no busca escaparse de la boca, correr por otros mundos con pretensiones de universo. El tiempo no es mal amigo: otros amigos de entonces siguen siendo iguales. La vida no es mala amiga: otros amigos de entonces siguen con la misma vida.

En el fondo, descubrí que ese hombre algo gordo con anillo al dedo y trabajólico que camina por la vereda de enfrente antes fue un joven más delgado sin anillo y menos trabajólico, pero con potenciales de ser hombre ejemplar de la sociedad postmoderna. En definitiva, aquel que escribía sobre noches donde todos sabían amar no existe, es un eufemismo de mis divagaciones.

Te vi. Caminabas ignorante por la vereda de enfrente. La gota de sudor se secó en mi espalda antes de que dijeras “hasta luego”. Muchas otras tardes te vi y la gota no volvió a aparecer en mi espalda…


Mía

domingo, diciembre 04, 2005

Llegará el día

Llegará el día en que caminemos libres por las grandes alamedas… hombres y mujeres libres de autocensura, de eufemismos, liberados de sus miedos, de las imposiciones sociales, de las etiquetas grabadas con ira en nuestras almas…

Llegará el día en que no se diga que somos feministas, conflictivos, comunistas o supeditados a nuestras ideologías por el simple hecho de pensar… no diferente, sólo atrevernos a pensar…

Llegará el día en que caminemos desnudos por las calles de asfalto… no desnudos de ropas, desnudos de almas. Cada uno de nosotros conocerá al otro, confiará plenamente en quien esté a su lado… llegará el día…

No será mañana… no será dentro de un años… no sabremos cuando ocurre… sólo apagaremos las luces y veremos que éstas siguen brillando e los ojos de nuestros compañeros aún cuando no estén encendidas…

Nadie estará más solo entones… siempre habrá

una mano amigo para acogerle…

Para entonces, todas nuestras siembras darán frutos… probablemente no seamos más que polvo entonces… pero seremos el polvo que sustente en camino que pisan los hombres y mujeres libres… nadie recordará nuestros nombres… nadie recordará nuestras caras… nadie hablará de este grupo de hombres y mujeres que hace tanto comenzaron el proceso que los llevó a caminar libres por la vida… lo importante, amigos y amigas… es que el proceso ya ha comenzado… Paz, fuerza y alegría a todos…

domingo, noviembre 13, 2005

No estás...

No estás... vives en cualquier parte y no estás... te busco... no encuentro nada...

No estás... te fuiste y vives ahora en otras manos... habitas otras pieles...

No estás... que vida tan distinta la que vivimos... yo posada sobre una nube idealista... tú, sometido a los designios de un sistema de que reniego...

No estás... no estuviste... no estarás... daremos vueltas por los recuerdos y esas noches de aventuras nocturnas serán esas cosas que no se le cuentan a los nietos...

No estás... no estoy... vivimos de lados diferentes ahora... no derramaré una lágrima por eso... no derramarás una lágrima por eso... nada de las frases de aquel poema vive ahora...

Mía...

jueves, mayo 05, 2005

El voraz animal que navega en la Red

Las monedas sonaban en mi bolsillo. Diminutas monedas que escapaban de mis dedos con la absurda idea de escurrirse por el orificio de la entretela de mi pantalón. Tintineaban de acuerdo al movimiento de mis piernas: izquierda... derecha... izquierda... derecha... tin... tan... tin... tan... Las monedas sonaban en mi bolsillo cuando entré al cibercafé.
Una vez sentados (las moneditas y yo), una de las monedas se lanzó en la ranura a un costado del aparato, sacrificándose para regalarme por media hora el sueño de interactuar con la pantallita brillante que pestañeaba coquetamente, guiñándome sus 1200 dpi al unísono.
Así, las monedas abandonaron mi bolsillo paulatinamente, arrojándose cual suicida a la abertura tragamonedas del computador de alquiler. Dejaron de cantar en mi cartera, expiando sus penas para convertirse en instancias interactivas que alimentaban la memoria virtual del voraz animal que navegaba en la red.
La luz de la pantalla se reflejaba como estrellas amarillas a mil años luz de mi ubicación geográfica, me envolvía. Quería seducirme, obligarme a participar en el candencioso juego mental de esa pantallita frívola que jugaba con los impulsos eléctricos de mi cerebro.
Con señuelos computacionales, el dispositivo de salida me convenció para entrar en el hechizo de ese mundo virtual, resguardado sólo para quienes pasan más de quince horas diarias frente a éstas máquinas infernales, creadas con la seudoidea de ayudar a la raza humana.
En un destello el local desapareció, se convirtió en aire negro, espesa aura irrespirable. ¿Qué importaba el cuerpo de la chica del computador de al lado si ahora nuestras mentes se fundían en este sueño virgen de los computófilos? La atmósfera aquí es espesa para suspender nuestras mentes en un universo donde nuestras sinapsis se vuelven bytes que alimentan al voraz animal que navega en la red...
Repto entre los microchips y lo cables que ahora parecen inundarlo todo, tomando una magnitud similar a la Selva Amazónica. Repto hasta el cuadrado que asoma al mundo fuera de la red... Miles de cuadrados brillantes distribuidos circularmente y que exhiben realidades como un celuloide. Le Tour Eiffel, the Liberty Statue, Alturas de Machu Pichu, las Ruinas de Tchichen Itza... todos son escenario de alguna figura en proceso de seducción, observan impávidos a algún personaje en estado casi catatónico, son testigos impasibles del crimen que a diario la entidad virtual comete, cuando las insulsas personas son absorbidas por el voraz animal que navega en la red...
Los cuadro del celuloide pierden brillo, desaparecen ... las monedas que alguna vez danzaron en mi bolsillo, alegrando mi día, están ahora en el estómago del ordenador que hipnotiza mi cuerpo. Ya no tengo con que alimentar a la ranura del costado del computador.
¡¿Cómo escapo de éste mundo paralelo si mis monedas cantan en otros bolsillos, ajenos a mi desgracia?! Faltan sólo tres recuadros para que la baja de energía llegue a la pantalla que divide mi cuerpo de mi pensamiento. Repto, corro, mis sinapsis crean alas para ganar la loca carrera de la que depende mi sanidad mental, mi libertad de esta realidad donde mil mentes se funden en una, y mi futuro idilio con el voraz animal que navega en la red...
Necesito salir, necesito olvidar la existencia de este ciberuniverso que envuelve mis pensamientos, engatuzándome cual serpiente con sus presas... Necesito escapar, volver a la seguridad de mi cuerpo, al mundo tridimensional donde la figura es palpable y no es un etéreo cúmulo de facultades intelectuales y sinapsis alimenticias... Necesito arrancar... necesito.
Repetitivo el destello me transporta otra vez al cibercafé. La misma máquina envolvente, los mismos 1200 dpi coquetos. La misma chica sentada a mi lado, con mirada de víctima del voraz animal que navega en la red... ya no quedan monedas, sólo el recuerdo de una ciberpesadilla de cursores que pestañean sistemáticamente.
La pantalla se apaga, se vuelve un diminuto punto azul al centro de la superficie convexa del vidrio negro. Me levanto, con las manos en los bolsillos vacíos de alegres monedas cadenciosas.
Mis pasos retumban entre las hileras de aparatos que amueblan el cibercafé. Mis pasos retumban cuando camino por el pasillo, libre, con la sola idea de alcanzar la puerta. Mis pasos retumban cuando cruzo el umbral, penetrando en el universo denso y oscuro del aire negro. Mis pasos retumban cuando cruzo el umbral y entro en la boca del voraz animal que navega en la red... ya saben, cuando se entra en el sueño de los computófilos nada logra sacarte de allí.

lunes, abril 25, 2005

Dormidos en el Tiempo

Qué importa lo que seamos tú y yo, si hoy nos dormimos mientras observábamos el devenir de los tiempos.

Siento frío y es tu cuerpo quien acalora mi cuerpo. Siento hambre y es tu sangre la que alimenta mis venas. Y que importa lo que seamos tú y yo si mañana despertaremos y el tiempo no será el mismo.

Sentiré frío y tu cuerpo no tendrá calor. Sentiré hambre y tu sangre habrá acabado. Nuestras razones serán poco importantes entonces cuando el tiempo sea otro y estemos suspendidos entre dos épocas que desconocemos y que nos molestan.

Y quizá sus ideas nos aburran, las ideas de estos años que detuvieron nuestra andanza.
Lo que sucede es que el tiempo se volvió un tema recurrente en nuestras palabras y todo porque un día nos dormimos mientras hablábamos de tiempos inmemoriales y ese mismo tiempo se volvió loco a nuestra espalda.

viernes, abril 22, 2005

Desencuentro

Qué alguien me explique por qué nadie me advirtió que tú y yo no seríamos parte de algunos juegos eróticos. Y que este intento de historia sería tan corto y desilusionante. De haberlo sabido, no habría vivido aquel instante que parece desfilar frente a mí, inadvertido, sin que el tiempo se percate de su existencia.

Y ahí estábamos los dos, desnudos sobre una cama que antes había recibido a un centenar de amantes de seguro mucho más apasionados que nosotros, en un cuartucho hediondo cuya única cualidad era generar en mí la idea de los actos más obscenos de la historia. Veníamos de un par de encuentros furtivos, cual de todos menos excitante que el anterior y que terminaron por convencernos –o más bien, convencerme- que las cosas no iban a resultar.

Entonces la frase resultó bastante natural después de intentar hacer el amor sin conseguirlo, si es que se puede llamar a eso hacer el amor, porque no le alcanzaba ni para el apelativo de sexo. La cama suena, el condón es muy chico (¿o muy grande?), la ducha tiene una gotera y tu olor me parece desagradable, pegajoso y se me antoja que la piel se me impregnará de él y tendré que darme una ducha de varias horas para quitar esta repugnante capa invisible que se cuelga de mi cuello y lo abraza como una serpiente intentado sofocar a su víctima.

Fue inevitable cuando entre el suspiro, el sueño y la frustración las palabras saltaron, se agolparon entre la garganta y la lengua, se desfiguraron primero para adquirir la figura particular del desencantamiento, y salieron primero como calladas frases dichas entre labios, los mismos labios que hace un minuto besaban una boca que en el fondo disgustaba, con una lengua excesivamente regordeta y babosa. Las letras salieron primero como un susurro, tomaron personalidad propia, se juntaron en palabras inteligibles y saltaron exiguas por entre mis dientes... No va a resultar...

- ¿Qué dijiste?
- Nada...
- No, dijiste algo...
- Que no va a resultar...
- ¿qué cosa?

¿Qué cosa? ¿Cómo no vas a entender qué cosa? ¿Acaso estoy sola en este cuarto o sólo a mí me pareció uno de los actos más intrascendentes de toda la existencia humana? Hay cosas que simplemente no entiendo: toda la historia es testigo de uno de los momentos más absurdos desde la creación del hombre y a ti te sigue pareciendo algo digno de repetición... ¿y que hay de mí?...

Y vino esa imagen incongruente de dos personas que después del encuentro ni siquiera se miran, se despiden con un beso que apenas roza la mejilla, cansados de tantos tropiezos que no llevan a nada. De seguro si existe Dios y mira el cuadro pensará que tan patética foto no se cataloga en el pecado, porque el pecado necesita de deseo, de gozo, de lujuria, y en este caso ninguno de esos tres sentimientos había tocado esta alcoba, al menos no durante el par de horas que decidimos utilizarla.

Me fui a casa. En el trayecto no pude dejar de comprobar que efectivamente tu olor se había pegado a mi cuello y salía como aprisionándome, como queriendo recordarme a cada segundo que no estaba hecha para esto. Cuando llegué, tal como me lo imaginé cuando tu boca recorría los lugares más recónditos de mi cuerpo –esos que en otra circunstancia y con otra persona simplemente me hacen perder el sentido-, abrí la llave de la ducha para que el agua recorriera los mismos centímetros de piel que antes tus dedos habían dibujado torpemente intentado convencerme que el encuentro valía la pena, para que el agua me liberara de esa anaconda invisible a punto de abrir su boca para comenzar a tragar mi cabeza.

Y finalmente me dormí, con la luz prendida para evitar que las penumbras me llevaran nuevamente a ese lugar que desde mañana borraré de mi memoria para seguir con la rutina. De seguro mañana tú ya no serás tú y al hablar de nosotros no estarás incluido en el cuento.


lunes, abril 18, 2005

Mi silueta parada en tu dintel

Verás mi silueta parada en tu dintel.

Verás que desde la penumbra de la noche mis labios te sonríen y mis ojos iluminan tu regazo.
Pensarás entonces que he ido a visitarte y tus miedos turbarán tu memoria. No recordarás mi nombre, no recordarás mi cara, sólo sentirás nuevamente el calor de mi cuerpo pegado a tu espalda, el olor de mis labios en tu cuello, el sabor de mis muslos en tus manos.

Me buscarás en tu recuerdo y sólo tendrás evocaciones de una noche pasajera. Sin luces, el cuarto no repetirá mis voces. Sin luces, las sábanas no prodigarán mis caricias. Sin luces, las paredes no disiparán mis palabras de ti memoria.

Verás mi silueta parada en tu dintel.

Buscarás entre tus mujeres a cual de todas pertenece esa silueta que te sonríe desde un lóbrego rincón. No entenderás el vacío que deja esa silueta en tu aliento. No entenderás el desamparo que deja la ausencia de mi ausencia en tus noches de abandono, en tu vida de forastero errante y anacoreta.

Me buscarás y sólo encontrarás una silueta parada en tu dintel. Seguirás buscando y ya no habrá nada. Vacío. Espanto. Miedo. La certeza de haber perdido algo… y ni siquiera darse cuenta de ese paso.

domingo, abril 17, 2005

Fuego

Sé que no me creen, nunca nadie lo hace. Ayer, por ejemplo, cuando salí de la casa corriendo, con la camisa desgarrada y colgando por los hombros, exhausto, sudando frío y atemorizado, todos creyeron que yo había hecho algo, que intentaba huir de mi crimen... ¡Yo! Cuando sólo trataba de escapar de la desgracia... y de ella.

Sí, la casa era de dos piso. Tenía un lindo living color marrón. A ella le gustaba el marrón, decía que no se ensuciaba. Todo en esa casa era como ella: el pasillo siempre limpio, la fachada siempre pintada, esas paredes blancas sin una mancha. Todo en esa casa se parecía a ella, siempre tan perfecta, siempre mostrándole al mundo su belleza, la perfección de su casa y su familia... Ella quería ser perfecta y que yo lo fuera también.

Entiendo que mi declaración es confusa. Usted me pregunta porque no vine antes, porque no pedí ayuda. ¡Para qué! Si nadie me creía. De hecho, vine una vez, hace como tres meses, y usted mismo me dijo -entre sonrisitas burlescas- que no me preocupara, que ya iba a pasar... ¿No lo recuerda? Ese día yo traía una marca en la espalda... la plancha caliente... ¡Ah! Ve que ya recordó... Entonces sus ojos parecían reírse y supongo que eso hizo cuando me fui... veo que no hace lo mismo ahora...

En fin, anoche fue como todas las noches. Yo nunca sabía que podía pasar. El ciclo siempre era el mismo: primero lloraba, pedía disculpas, que me pusiera en su lugar, prometiendo que nunca más sucedería; luego se ponía irascible, cualquier cosa era pretexto para insultarme; de ahí a las ollas, las lámparas o los sartenes voladores no había mucho, bastaba que yo la mirara y listo. Es que ella era así, siempre tan predecible y tan sorpresiva a la vez.

Bueno, como le decía, esa noche salté por la ventana -que por suerte estaba abierta- y corrí por el jardín. Quería esquivar un jarrón que se me venía encima. Supongo que entonces, esperándome, se quedó dormida.

Estaba enojada, bastante más enojada que las otras veces. Poco antes había dicho que no cocinaría, que nunca más haría nada de “sus labores de esposa”. No sé porqué esta vez si le creí. Su tono era mucho más convincente que las otras peleas.

Así que me fui, no quería verla, sabía bien que cuando despertara sería otra vez lo mismo: las disculpas, los llantos y las promesas... y yo que nunca pude resistir sus ojos negros llenos de lágrimas ni su sonrisa amarga intentando conquistarme, logrando que me sintiera culpable de todo.

Pero en la noche no resistí más y entré a hurtadillas. Me sentía cansado y en el fondo la extrañaba a ella, a la casa, a los llantos y a la reconciliación... Usted sabe, lo mejor siempre son las reconciliaciones.

La encontré borracha en el sillón grande -sí, el sillón marrón-, dormida de tanto beber, pero siempre tan bella con su cara blanca y ese pelo ondulante calléndole por los hombros como un río de petróleo. Parecía una muñequita de loza: perfectamente hermosa y con una actitud diabólica.

Estaba sin conocimiento, así que cerré las ventanas y las puertas, incluso me di el trabajo de sellar las rendijas con papel.

Usted sabe, las llaves del gas suelen quedar abiertas... ¡No! Claro que no fui yo. Pudo ser una fuga o la manguera de la cocina mal puesta... Es que la habíamos comprado hace poco porque a ella no le gustaba el color de la otra.

¿El fósforo? ¡No! Eso fue un mero accidente... Soy un vicioso, lo acepto... No fui yo... Yo sólo quería fumarme un cigarro para celebrar la libertad...

sábado, abril 16, 2005

En mis pupilas

Te verás reflejado en mis pupilas y te gustará lo que veas.

Descubrirás que en ningún otro ojo tu imagen se verá como en el mío, y entonces será tarde para seguir mirándose en ese espejo.

Dirigirás tus miradas al infinito, en constante búsqueda de la imagen que viste en mis ojos. La buscarás en sus ojos, en tus ojos, en millones de ojos. Más no encontrarás en ninguno el reflejo de tu reflejo en mis pupilas, y por más que mires al firmamento, no encontrarás el brillo de las estrellas puesto en tus mejillas, porque ese es un regalo que sólo verás cuando mires a través de mi mirada.

No compartiremos noches, ni madrugadas, ni amaneceres privados de espanto. Los fantasmas ya no vendrán a visitarnos por las noches para darnos suerte en nuestro viaje de amantes furtivos.

No te volverás a ver reflejado en mis pupilas y no te gustará lo veas en otras pupilas.

No me volveré a ver reflejada en tus pupilas y no me gustará no verlas en tus ojos de animal errante por el tiempo.



viernes, abril 15, 2005

Vida cotidiana

Se levantó de la cama, se vistió rápido, comenzó las labores de la casa.

Limpió la cocina, preparó el almuerzo, aseó los dormitorios, restregó el baño, pasó la escoba y el plumero por el resto de las habitaciones.

Cerca de las cuatro volvió a pensar en la comida. La dejó preparada y ahí estaba, fría, algo triste. Se sentó en la mesa, miró su plato, un plato frío, alzó su copa, una copa vacía, y brindó y comió con nadie, si pena ni alegría.

A las cinco comenzó la ducha, se lavó y se peinó bien, se cambió toda la ropa, se puso el sayo de arpillera blanca, que era muy grueso y bastante áspero.

Cerca de las seis llegó la partera, revisó la cama, hirvió el agua y llenó de sábanas blancas todo lo que se veía.

A las seis en punto, María no tuvo un hijo.

Para cuando llegó su marido a las siete, el hijo ya estaba vestido y listo para el entierro, ella de pie a un costado de la mesa.

La comida caliente, la copa llena, el alma de piedra por que quito hijo muerto. De las sábanas blancas no quedó nada, ni siquiera se habló de ellas.


jueves, abril 14, 2005

Sueño 1

Por la noche, cuando tu cabeza se pose sobre la almohada, cuando tus ojos se cierren y comiences a caminar por tus sueños, mi reflejo se posará sobre tus párpados cansados.
Seré sólo un sueño y no entenderás por qué aparezco en tu memoria, sin permiso, sin apremios, sin consentimiento previo.
Por la noche, cuando camines rumbo a la nada, con la cabeza gacha, buscando en el pavimento vestigios de bermejos cabellos eternizados en ideales románticos e infantiles, verás sólo hebras oscuras guiando tus pasos con paciente sabiduría hacia una senda donde el placer no duele, donde el sentir no es pecado, donde el amar es sólo otro más de los pasajes de la historia.
Seré pesadilla entonces, porque no entenderás de dónde surgen esas dudas que apremian tu evidencia de aliado sin condiciones, tu certeza de amante constante, tu convicción de espera paciente.
Por las noches, soñaré que las caricias no son pasajeras, y mi sueño penetrará tu sueño, y apareceré descalza sobre las arenas de aquel mito que pone recebos en tus ojos para hacerte dormitar hasta la mañana.
Será fantasía ese sueño y no estarás aquí por las mañanas. Porque yo no seré Ella, tú no serás Él, nunca seremos Nosotros mientras sigas perdido en las tinieblas del insomnio, mientras sigas atado al madero que lleva al lobo vestido de espanto.

"Los Sueños de José" de Susana Poblete.